¿Por qué cada vez nos movemos menos?
Lola Carrasco y Carlos Ruiz
Imagina un día cualquiera. Te levantas, y desayunas. Vas al trabajo en coche, en moto o en transporte público. Llegas y te sientas.
Trabajas sentado durante varias horas. Comes sentado. Vuelves a sentarte. Quizá pasas otra hora en el transporte. Llegas a casa y te sientas de nuevo.
Y por la tarde haces una hora de gimnasio. Entonces aparece una pregunta interesante:
¿Te has movido mucho hoy?
La respuesta no es tan sencilla. Porque hacer ejercicio y moverse no son exactamente lo mismo.
Una hora de ejercicio no es suficiente
Cuando pensamos en movimiento, normalmente pensamos en deporte. Ir al gimnasio. Correr. Nadar. Hacer yoga. Montar en bicicleta. Y todo eso es importante. Pero existe otra forma de movimiento que ocupa mucho más espacio en nuestra vida: el que hacemos sin llamarlo ejercicio.
Caminar hasta algún sitio. Subir unas escaleras. Levantarnos de la silla. Ir a comprar. Cambiar de postura. Moverse por casa. Caminar mientras hablamos por teléfono. Agacharnos. Cargar algo. Salir a dar un paseo.
Son pequeños movimientos que antes formaban parte de nuestra vida de manera natural. Pero nuestra forma de vivir ha cambiado. Y con ella, también ha cambiado la cantidad de movimiento que hacemos sin darnos cuenta.
El problema no es sentarse
Sentarse no es malo. Trabajar sentado no significa que estés haciendo algo incorrecto. El problema puede aparecer cuando pasamos demasiadas horas seguidas en la misma posición y con muy pocas oportunidades para cambiarla.
Mantener posiciones fijas durante horas debilita la movilidad natural de los hombros y la espalda media. Al bloquearse esa zona, se rompe el equilibrio y la musculatura cervical se ve obligada a trabajar el doble para estabilizar y sostener la postura.
Y nuestro día puede estar lleno de periodos largos de inmovilidad: sentados frente a una pantalla, conduciendo, viajando, comiendo, viendo una serie o utilizando el móvil.
Y después intentamos concentrar todo nuestro movimiento en una única hora de ejercicio. Es como si esperáramos que una hora de actividad compensara automáticamente todo lo que ocurre durante las otras muchas horas del día.
Pero quizá la pregunta debería ser otra:
No solamente cuánto ejercicio haces, sino cuánto tiempo pasas sin moverte.
El cuerpo también necesita variedad
Nuestro cuerpo está preparado para hacer muchas cosas diferentes. No porque exista una postura perfecta que debamos mantener durante todo el día, sino porque la variedad forma parte de la forma natural en la que utilizamos nuestro cuerpo.
Por eso, pasar muchas horas haciendo prácticamente lo mismo puede hacernos sentir diferentes al final del día.
Quizá lo reconoces. Te levantas después de varias horas sentado y durante los primeros pasos sientes el cuerpo más rígido. Mueves los hombros. Estiras un poco la espalda. Necesitas unos instantes para volver a sentirte cómodo. No significa necesariamente que haya un problema.
Pero sí nos recuerda algo sencillo:
el cuerpo nota cuando lleva mucho tiempo quieto.
No necesitas convertir tu vida en un entrenamiento
Cuando hablamos de movernos más, es fácil imaginar que necesitamos hacer grandes cambios.
Más gimnasio. Más pasos. Más entrenamientos. Más disciplina.
Pero quizá no sea necesario empezar por ahí.
A veces podemos empezar simplemente buscando más oportunidades de movimiento dentro del día que ya tenemos.
Levantarte durante una llamada.
Caminar unos minutos después de comer.
Subir las escaleras cuando tenga sentido.
Ir andando a un lugar cercano.
Cambiar de posición mientras trabajas.
Levantarte de la mesa de vez en cuando.
Caminar mientras escuchas un audio.
Hacer una pequeña pausa para moverte en lugar de pasar directamente de una tarea a la siguiente.
No se trata de convertir cada momento del día en una obligación. Se trata de dejar que el movimiento vuelva a formar parte de él.
Moverte más no significa hacer más
Esta diferencia es importante.
Si pensamos en movimiento como otra tarea que tenemos que cumplir, podemos terminar convirtiéndolo en una obligación más. Pero quizá podemos plantearlo de otra manera.
¿Cómo puedo hacer que mi día tenga más movimiento de forma natural?
En lugar de coger el coche para recorrer una distancia corta.
En lugar de mandar un mensaje desde la habitación de al lado.
En lugar de pasar toda una conversación sentado.
En lugar de concentrar toda la actividad de la semana en unas pocas horas.
Pequeñas decisiones. No para conseguir un cuerpo perfecto. Sino para mantener un cuerpo que tenga oportunidades de moverse.
Porque moverte también es conservar posibilidades
Al final, todo esto tiene poco que ver con contar pasos o conseguir una determinada cantidad de minutos de actividad.
Tiene que ver con algo más sencillo:
mantener tu cuerpo disponible para tu vida.
Poder caminar. Poder agacharte. Poder subir escaleras. Poder viajar. Poder jugar. Poder entrenar. Poder trabajar.
Poder hacer algo espontáneamente sin tener que pensar demasiado en si tu cuerpo podrá hacerlo.
→ Artículo: Tu cuerpo debería permitirte vivir tu vida, no limitarla.
Por eso, quizá cuidar nuestra movilidad no consiste solamente en preguntarnos cuánto ejercicio hacemos.
También consiste en observar nuestro día y preguntarnos:
¿Cuántas oportunidades tiene mi cuerpo de moverse?
Nuestra forma de vivir ha cambiado mucho. Tenemos trabajos que nos mantienen delante de una pantalla, medios de transporte que reducen nuestros desplazamientos y muchas actividades que podemos hacer sin levantarnos del sitio.
No se trata de volver atrás. Se trata de encontrar un poco más de movimiento dentro de la vida que tenemos. Y, sobre todo, de recordar algo:
el movimiento no es solo ejercicio.
Es una de las formas en las que nuestro cuerpo participa en nuestra vida.
En Manos de Lola | The Art of Touch, entendemos el trabajo corporal desde esa misma perspectiva. El bodywork no sustituye al movimiento ni pretende compensar una vida sedentaria. Puede ser una forma de prestar atención al cuerpo, entender cómo se está sintiendo y acompañarlo cuando necesitamos recuperar comodidad y libertad de movimiento.
Porque al final no queremos movernos más simplemente por movernos.
Queremos poder seguir haciendo.
Y para eso, nuestro cuerpo necesita tener espacio para moverse.
¿Qué puede hacer el Bodywork por mi?
El bodywork puede ayudarte a prestar atención a cómo se mueve tu cuerpo y trabajar sobre aquello que está limitando tu libertad de movimiento.


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