¿Y si el problema no fuera el dolor, sino todo lo que has dejado de hacer por culpa de él?
Lola Carrasco y Carlos Ruiz
Hay cosas que antes hacías sin pensar.
Girar el cuello para mirar hacia atrás. Agacharte para recoger algo del suelo. Salir a caminar. Entrenar. Dormir en cualquier postura. Subir unas escaleras. Jugar con tus hijos. Hacer una excursión. Pasar una tarde entera fuera de casa.
Y un día algo empieza a molestar.
Al principio no parece importante. Quizá es una molestia en el cuello, una tensión en la espalda o una sensación extraña en una rodilla. Sigues haciendo tu vida porque puedes.
Pero empiezas a cambiar pequeñas cosas.
Giras menos el cuello. Te levantas de la silla con más cuidado. Evitas agacharte de determinada manera. Dejas para otro día ese entrenamiento. Caminas un poco menos. Buscas una postura concreta para dormir.
Muchas veces ni siquiera te das cuenta de que lo estás haciendo.
Hasta que, después de un tiempo, descubres algo que puede ser más importante que el propio dolor:
has empezado a hacer menos cosas.
El cuerpo empieza a marcar los límites
Cuando algo nos molesta, es natural intentar protegernos.
Si un movimiento duele, lo evitamos. Si una actividad nos deja demasiado cargados, la reducimos. Si una postura resulta incómoda, buscamos otra.
El problema aparece cuando esas pequeñas decisiones empiezan a acumularse.
Primero dejas de hacer una cosa.
Después otra.
Y poco a poco puedes terminar organizando parte de tu vida alrededor de lo que tu cuerpo te permite hacer.
Ya no piensas:
“¿Qué me apetece hacer hoy?”
Sino:
“¿Podré hacerlo sin que me moleste?”
Y esa diferencia importa.
Porque el impacto de una molestia no se mide únicamente por cuánto duele. También puede medirse por todo aquello que empieza a condicionar.
Cuando nos movemos menos, nuestra vida también puede hacerse más pequeña
No significa que cada dolor vaya a empeorar si dejamos de movernos, ni que debamos ignorar una molestia.
Hay situaciones que necesitan valoración médica o fisioterapéutica y es importante saber reconocerlas.
Pero en nuestra vida cotidiana existe algo que merece atención: cuando empezamos a movernos menos porque nuestro cuerpo nos resulta incómodo.
Dejamos de caminar tanto.
Nos levantamos menos de la silla.
Evitamos determinados movimientos.
Abandonamos alguna actividad que disfrutábamos.
Y nuestro mundo de movimiento puede ir reduciéndose poco a poco.
Por eso, cuando hablamos de cuidar el cuerpo, quizá deberíamos hacer una pregunta diferente.
No solamente:
“¿Dónde te duele?”
También:
“¿Qué has dejado de hacer?”
Porque el objetivo no es solamente sentir menos dolor
Imagina que alguien te pregunta qué quieres conseguir y respondes:
“Quiero que deje de molestarme la espalda.”
Es completamente comprensible.
Pero quizá detrás de esa respuesta hay algo más.
Quieres volver a caminar durante una hora.
Quieres poder trabajar sin terminar el día agotado.
Quieres volver al gimnasio.
Quieres viajar sin estar pensando constantemente en tu cuerpo.
Quieres agacharte, levantarte, girarte o subir escaleras con más facilidad.
Quieres volver a hacer algo que dejaste de hacer.
Entonces el objetivo ya no es solamente sentirte mejor durante un rato.
El objetivo es recuperar capacidad para hacer tu vida.
Y ahí el movimiento adquiere otra importancia.
Tu cuerpo debería acompañarte en tu vida
Moverse bien no significa tener un cuerpo perfecto ni ser especialmente flexible.
Significa poder utilizar tu cuerpo para hacer las cosas que forman parte de tu vida.
Cada persona tiene una vida diferente y, por tanto, también necesita cosas diferentes de su cuerpo.
Para alguien puede ser correr.
Para otra persona, caminar por la ciudad.
Para otra, trabajar ocho horas de pie.
Para otra, poder jugar con sus hijos.
Para otra, simplemente levantarse de una silla y sentirse cómoda al hacerlo.
Por eso escuchar al cuerpo también significa entender qué necesitas de él para poder vivir como quieres.
En Manos de Lola | The Art of Touch entendemos el trabajo corporal desde esa perspectiva: observar, escuchar y adaptar el trabajo a cada persona y a su momento.
Porque no todos los cuerpos llegan igual. Y tampoco necesitan lo mismo.
A veces cuidar el cuerpo significa atender una molestia.
Otras veces significa recuperar movilidad.
Y otras, simplemente prestar atención antes de que una pequeña limitación termine ocupando demasiado espacio en nuestra vida.
Al final, quizá la pregunta más importante no sea:
“¿Cuánto me duele?”
Sino:
“¿Qué quiero seguir pudiendo hacer?”
Porque cuidar tu cuerpo no consiste solamente en intentar sentirte bien hoy.
También consiste en conservar la capacidad de seguir viviendo tu vida a través de él.
¿Qué puede hacer el Bodywork por mi?
El bodywork puede ayudarte a escuchar mejor tu cuerpo, recuperar movilidad y atender esas pequeñas limitaciones que empiezan a condicionar tu forma de moverte y de vivir.


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